20 mayo, 2010

Hermanos de miseria
Entre ratas y carne podrida me encontraste,
devoraba al cuervo que me arrancó la ilusión de los ojos;
ni loca dejo vivo al pajarraco.
Sangre chorreaba de tu cuello,
cada gota llena de todos los alientos que un hombre puede guardar en su alma.
Te veías horriblemente hermoso,
¡No podía dejarte morir ahí,
en medio de tripas putrefactas de algún borracho o estafador!
¡Listo!...tape el hoyo con mi boca
no sé por cuánto tiempo resistiré, apenas puedo con mi pobre alma
pero...¿acaso no lo vales?
diste la vida por tantos más eres un salvador.
Amén.

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